En las ciudades europeas, los desafíos a la cohesión social se han intensificado, cruzándose con desigualdades socioeconómicas de larga data y nuevas presiones demográficas, económicas, geopolíticas y espaciales. Más allá de la privación material, algunos residentes urbanos, como las personas mayores, los migrantes, las personas con discapacidad y otros grupos, son más vulnerables a la exclusión, el aislamiento y la discriminación.
Resolver las dinámicas de exclusión requiere enfoques coordinados y territoriales (place-based) que involucren a municipios, servicios públicos, sociedad civil y otros actores. Las políticas urbanas inclusivas activan estratégicamente las infraestructuras de bienestar existentes, permitiendo al mismo tiempo la innovación social.
Las siguientes nueve ciudades europeas están poniendo en práctica la inclusión social como un aspecto central de la gobernanza urbana. Estas prácticas comparten algunas características transversales, razón por la cual fueron incluidas en el último lote de Buenas Prácticas URBACT (2024).
Integrar los servicios públicos para abordar necesidades transversales
Los sistemas de bienestar y gobernanza urbana europeos se enfrentan cada vez más a formas de vulnerabilidad que atraviesan los ámbitos políticos tradicionales. Las prácticas que se enumeran a continuación muestran cómo se pueden reconfigurar los servicios públicos existentes —aprovechando la cooperación institucional, la coordinación intermunicipal y las asociaciones intersectoriales— para ofrecer formas de apoyo más diferenciadas y sensibles al contexto.